El caso es que Estrasburgo es Francia y ojito con cuestionar esto. Al hacer la foto, que corresponde al callejón de Santa Elena, intenté fijarme en lo más devastado del centro de la ciudad. De hecho, llama la atención el solar del primer plano, cuya valla está cubierta de pintadas. Al fondo, una casa cuyas ventanas dan al solar y cuya pared también presenta pintadas aquí y allí. Y más al fondo, a lo lejos, apuntando al cielo con su silueta, se yergue la catedral de Estrasburgo, uno de esos edificios que son difíciles de olvidar una vez que se han visitado.
No sé si en la foto se aprecia, pero, a pesar de estar buscando los lugares menos estéticos del centro, sigue dando una impresión sumamente estética. Estoy seguro de que, si fuera alemana, no la daría. Bueno, si fuera alemana, para empezar, lo que no habría es un solar en pleno centro con pintadas; por lo menos, ésa hubiera sido la Alemania que recuerdo de mis tiempos de estudiante, aunque me cuentan que ha cambiado bastante y que ya no es lo que era. Será cosa de pasarse por allí un mes de éstos.
Y es que es así. Aunque Estrasburgo es la menos francesa de las ciudades francesas, setenta años de asimilación han dado sus frutos. Por ser francés, ya lo tienes que considerar bello. Es verdad que uno va por la calle y se encuentra con que los nuevos dueños de la ciudad han alzado la estatua de Kléber, un asesino revolucionario de lo peorcito que vivió en aquellos tiempos convulsos, y que a dos pasos de la misma están las galerías Lafayette, y que las mujeres alsacianas tratan de parecer francesas, aunque se llamen Kellermann y sus abuelos hubieran militado en el ejército del Káiser. Pero eso parece que no les interesa. Estéticamente, son tan francesas como las parisinas. Y, muy probablemente, estéticamente mejoran bastante a sus abuelas.
No sé. Ahora que demográficamente somos un continente en decadencia imparable, pasarse por el centro de Estrasburgo, atestado de francesitas de lo más mono y de francesitos de lo más suyo, da una impresión de que quizá no estemos tan mal y de que no es para ponerse así de negativos, y que las cosas siguen su camino y, si en el futuro somos menos y nos van a sustituir por africanos, pues qué le vamos a hacer. Y que, si los políticos se pelean, que se peleen. Allá ellos. Nosotros quedémonos en ese mismo callejón a tomar algo en los bares del final del mismo, al lado de francesas y, si no hay más remedio, también de franceses, antes de que, como ahora, se nos haga demasiado tarde.
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