miércoles, 3 de noviembre de 2010

Redes sociales

Ahora mismo me encuentro en un vuelo de Iberia camino de España. Estoy escribiendo, pero no estoy conectado a internet, porque está prohibidísimo y porque los asistentes de vuelo que Iberia pone en el vuelo de Moscú están mentalizados para no andarse con chiquitas a la hora de cantarles las cuarenta a los pasajeros. No se lo reprocho, porque estos vuelos con Moscú están llenos de gente problemática, pero de esta manera más vale que nos olvidemos de la amabilidad típica de las azafatas. Bueno, Iberia, de todas maneras, nunca ha sido un buen ejemplo de esto último. El caso es que ya publicaré la entrada un día de éstos.

Me he puesto a echar un vistazo a la revista del avión y me he encontrado con el típico artículo de autobombo de Iberia. Escribe un poquito sobre las redes sociales, lo que son y cuáles son las más importantes, y luego comienza a encomiar lo concienciada que está la compañía y la de perfiles que tiene en la gran mayoría de redes influyentes.

Y, además, lanza una lista de las diez más importantes. A ver si me acuerdo:

1. Facebook.
2. Youtube.
3. Twitter.
4. Linkedin.
5. Hi5.
6. MySpace.
7. Tuenti.
8. Metroflog.
9. Badoo.
10. Orkut.

Hay algunas que ni siquiera me suenan. Hi5 parece una fórmula de química o una jugada de ajedrez mal apuntada. Metroflog y Orkut también era la primera vez que sabía de su existencia, y Tuenti y Badoo ya sabía que existían, pero hasta ahí llegaba todo mi conocimiento sobre ellas. Y está Twitter, de la que he leído algún mensaje, pero nada más.

Luego están las dos redes-plomo, que en mi caso son MySpace y Linkedin. Como sabéis, el autor de esta bitácora tiene una cuenta de correo en Hotmail (al_forfon@hotmail.com), y MySpace es una red, uno de cuyos elementos es Hotmail. Digo que es plomo porque me suele enviar mensajes anunciando nuevas utilidades y cositas que me darán unas funcionalidades de la leche... bueno, me la darían si no tuviera el perfil de MySpace lleno de telarañas virtuales.

La otra red plomo es Linkedin. Se supone que es una red de profesionales para ayudar a hacer lo que los pijos y los enchufados llaman "networking" y los mortales llamamos "hacer contactos profesionales". En una de mis andanzas laborales, cayó en mis manos un correo de un tipo tan destarifado (pero ésa es otra historia) que no pude resistirme a buscar sus datos en Google. Google me envió a su perfil de Linkedin, y yo me hice una cuenta sólo para entrar en el perfil de semejante cretino. No hubo forma, porque descubrí que para entrar en el perfil tienes que ser un "hacker", que no es mi caso, o tener permiso del cretino, y claro, llamarse Alfor von Buchweizen y ser una pantera rosa con boina roja y borla amarilla no es la mejor manera de que te tomen en serio. Pero el robot de mensajes de Linkedin no sabe lo de la foto de la Pantera Rosa y me manda mensajes periódicamente para que actualice mi perfil o busque nuevos contactos profesionales. Yo creo que, salvo que el inspector Clouseau también esté en Linkedin, lo tengo claro para que alguien me acepte como contacto profesional.

Y finalmente, hay otras dos redes, que son las dos primeras de la lista. En Youtube tengo un perfil y están colgados los pocos videos de cosecha propia que adornan esta bitácora. Y en Facebook me metí un día que quería ver una cosa que me pareció interesante, me tuve que hacer un perfil, y luego apareció gente y todo. Al principio he de reconocer que me llevé un susto, porque Facebook me sugería que invitara como amigo a peña conocida. "¿Cómo narices sabe Facebook que yo conozco a este pollo, cuando la cuenta está a nombre de mi nick?" Supongo que pueden entrar en los contactos de la cuenta de correo, o en la bandeja de enviado, porque, si no, no se explica. Toma seguridad, privacidad y buen gobierno.

El caso es que yo no quería hacer un perfil en Facebook. Yo sólo quería ver una cosa que me interesó puntualmente. Pero, entretanto, resulta que hay gente que me manda propuestas de amistad, y a algunos por lo menos los conozco, pero hay algunos que no. Me parece descortés decir que paso, pero tampoco me parece muy coherente llamar amigo a gente de la que no sé absolutamente nada. En fin, yo las he aceptado, pero como sigan entrando chicas cañón a mandarme solicitudes de amistad me voy a buscar un disgusto doméstico...

De todas maneras, yo lo de las redes sociales no lo tengo claro. Prefiero las bitácoras, y la prueba es que, aunque muchos dicen que están pasadas de moda y yo no niego que algo de razón les asiste, aquí me tenéis escribiendo en esta pantalla. En primer lugar, permiten elaborar más las cosas. Y luego, para el que entra, tiene la gran ventaja de que no necesita registrarse en ningún sitio ni abrirse perfiles de nada, ni el señor Google, que es el dueño de Blogger, va a incordiarles con mensajes y más mensajes. Vamos, puede que cambie de opinión, pero yo no necesito tener veinte mil amigos en Facebook, como alguno que hay por ahí, y pasarme el día pintando el muro y mirando si la gente ha escrito algo. Es lo que me faltaba, con el jaleo que llevo encima...

Todo este rollo viene, aparte de porque, de no echarlo, me aburriría en el avión, porque el artículo y el listado de redes sociales que viene en él omite la red social rusa por excelencia, red que es líder indiscutible entre la comunidad rusófona y que responde al nombre de "V kontakte", que, traducido al castellano, quiere decir "en contacto". Esta red social entró en nuestras vidas la semana pasada, cuando, con actitud retadora, Ro me pidió permiso para entrar en internet y acceder a su perfil.

Pero eso le tocará a la próxima entrada. No porque ahora se haga tarde, sino porque me están poniendo la cena en la bandeja y tengo un hambre de lobo. Tanta, que incluso soy capaz de comer la cena de Iberia y de beber el zumo de naranja con sabor a Frenadol que nos sirven.

lunes, 1 de noviembre de 2010

De compras (II)

En la entrada de hace una semana ya estuve hablando de lo que se puede comprar en los supermercados rusos ¿Que usted quiere una armadura? Pague y llévesela.

En España, las armaduras son difíciles de encontrar. Nosotros encontramos una este verano en el castillo de Puebla de Sanabria. Las niñas pasaron de ella muy ampliamente, pero Alfina, Ame y yo no perdimos la ocasión y demostramos que somos una familia de armas tomar. Por cierto que, por primera vez, en la foto se me pueden ver los ojos. De aquí al desnudo integral sólo queda un paso.



Pero no, no es eso lo único rarillo que se puede adquirir en un supermercado ruso. Alforfón sigue sin haber, al menos si no llegas a primera hora de la mañana y, así y todo, va a más del doble de precio que antes del verano. En cambio, qué de variedad de artículos, y qué marcas que usan ¿Os acordáis del Mitsubishi Pajero, y de las leyendas urbanas del Nissan Moco y el Mazda Laputa? Pues en Rusia tenemos una pequeña muestra.



Por ejemplo, unos dulces marca "Pepero", que difícilmente se podrán comercializar con esa marca en España, salvo que renuncies de salida a buena parte del mercado.



Seguimos con las marcas. Seguramente el que puso ésa no pretendía vender sus gorras en la Hispanidad. O eso, o busca un publico... no sé, afeminado, como poco. Ya sé que está de moda, pero no sospechaba que la cosa llegase a tales extremos.

Las prendas de camuflaje en Rusia son de un uso extendidisimo. Después de la disolución de la URSS, parecía que todos querían vestir como los gringos que les habían ganado la guerra fría. Pescadores, paramilitares, domingueros... todo quisqui se vestía como el fondo de pantalla de esta bitácora. Pero siempre se puede llegar un poco más lejos y desmarcarse de los tipos vulgares que se limpian el trasero con papel blanco corriente y moliente.



Eso sí, yo creo que aquí se han pasado.

viernes, 29 de octubre de 2010

Habemus burgimagistrum!

Sí, señor. Tenemos nuevo alcalde, el señor Sergey Sobyanin, un probo funcionario, en el pasado gobernador siberiano de la región de Tyumen, y que, tras su paso por las más altas instancias de la administración federal, ha sucedido a Luzhkov para apretar las tuercas a la administración de la ciudad.

Naturalmente, en los pocos días que lleva al frente del municipio no se puede notar variación alguna. Hay que darle tiempo. Se supone que se va a ocupar en primer lugar de los dos asuntos que centraron la campaña mediática que precedió la caída de Luzhkov, esto es, la supuesta corrupción de la administración municipal y los atascos de la ciudad.

La corrupción, que por su naturaleza está razonablemente escondida, podemos decir que es "presunta", vale. En cambio, llamar "presuntos" a los atascos de Moscú sólo puede hacerlo un tipo absolutamente alejado de la vida real e incapaz de ver más allá de sus narices. Por eso, me entró un escalofrío ayer, cuando iba con Alfina camino de un sarao y pusimos la radio en el coche, coincidiendo con el boletín horario de noticias.

"El alcalde de Moscú, Sergey Sobyanin, quiere comprobar los atascos moscovitas. Esta tarde, con los coches que lo escoltan, ha salido a convencerse por sí mismo de la gravedad de la situación. Sobyanin tiene previsto circular con el anillo de los bulevares y por una parte del Sadovoye Koltsó."

No os lo vais a creer, pero Sergey Sobyanin vive en Moscú desde noviembre de 2005, esto es, prácticamente cinco años. Si, después de cinco años, este hombre tiene que salir a "convencerse por sí mismo" de que en Moscú hay unos atascos de la leche, es que es idiota con ganas o que se ha pasado esos cinco años encerrado en su casa sin salir más que en la madrugada del sábado al domingo, único momento de cierto vacío en las calles. No creo, porque supongo que el jefe de gabinete del Presidente, que es lo que ha sido hasta ahora, está más ocupado de lo que esto último daría lugar a entender.

Lo más probable es que Sobyanin, en estos cinco años, no haya visto un atasco ni de lejos. Que, cuando subía a su coche oficial, la milicia de tráfico cortara calles a diestro y siniestro (provocando esos atascos de cuya existencia Sobyanin, pobre, no era consciente), para que el prócer volara a toda máquina a donde tuviera que desplazarse mientras centenares de automovilistas se acordaban de su familia.

El problema de verdad es lo que puede pasar ahora que, no lo dudo, Sobyanin ya se ha dado cuenta de que, sorpresa, en Moscú puedes tardar horas en ir a de A a B. Esta noticia le habrá pillado descolocado y, como ya ha prometido que hará algo al respecto, miedo me da lo que puede maquinar el hombre.

Lo cual me recuerda a un chiste que me contó, en la lejana Samarcanda, un taxista uzbeko muy zumbón que había vivido un tiempo en Moscú y, pasado un tiempo, decidió que en su Bujará natal se vivía mucho más tranquilo. Ahí va:

Putin pasa por la mesa de su secretaria, que está de baja por estrés, y decide sentarse él mismo a ver qué correspondencia recibe, antes de que la filtren sus colaboradores. Al cabo de dos horas de leer cartas, descubre que casi todos los ciudadanos se quejan de que, por culpa de los cortes de calles al paso de los gobernantes del país, se pasan el día de atasco en atasco y llegan tarde a los sitios.

Indignado, Putin decide solucionar el problema y llama a Boris Gryzlov:

- ¡Boria! ¡Esto es el colmo! ¡He descubierto que el pueblo se queja de los atascos que provocamos al cortar las calles! ¿Por qué nadie me lo había dicho antes? ¡Tenemos que solucionarlo! Haz que digan por la radio que, a partir de mañana, en lugar de ir en coche, iré al trabajo en metro. Así no habrá que cortar ninguna calle.

- ¡Sí, señor presidente!

Gryzlov sale corriendo a dar órdenes a diestro y siniestro y, al cabo de media hora, todas las emisoras de Rusia empiezan a emitir el siguiente mensaje:

"El primer ministro Vladimir Putin tiene el honor de anunciar que, a partir de mañana, para contribuir a la mejora del tráfico de Moscú, no va a desplazarse en coche a su puesto de trabajo. De esta manera, no se producirán cortes de calles. Putin se desplazará en metro."

"Con motivo del desplazamiento de Vladimir Putin, el metro de Moscú anuncia que, de 7 a 10 de la mañana, se cerrarán las líneas 3, 6 y 8."

miércoles, 27 de octubre de 2010

Ecos del verano (I)

Ahora que el verano se aleja definitivamente, únicamente queda una mirada nostálgica hacia atrás, antes de tomar aire para el invierno que se avecina y que este año vaticinan que va a ser de armas tomar.

La mirada hacia atrás nos lleva a dos partes diferenciadas. En Rusia, tirando a chunga, no sólo por el hecho de que uno en Rusia trabaja, sino porque hemos pasado más calor que unos esquimales en Écija, y eso es algo que no se aasocia habitualmente con lo que pasa por estos pagos. Menos mal que los partidos del mundial de fútbol eran por la noche y que, al juntarse para verlos, ya las temperaturas eran más llevaderas. Al final llegó la carbonilla de los incendios y ya lo mejor eran atrincherarse en casa y esperar a que amainara.

En mi caso, me tocó largarme a España el día en que la cosa se puso realmente seria. Por un lado, bien, porque así me libré relativamente pronto del desastre y no tuve que comprar ningún billete de avión de última hora, como otros pringaos sin suerte, ya que lo tenía desde hacía meses; por otro lado, me pasé todo el día con el alma en vilo, porque en Moscú no se veía tres en un burro y a la ciudad llegaban noticias contradictorias sobre si los aviones despegaban o no.

Al final, el vuelo salió. Cuando me encontré en el aeropuerto al representante de Iberia en la cola de embarque ya me di cuenta de que lo peor había pasado. "A él no lo van a dejar en tierra", me dije.

La parte de las vacaciones que pasé en España ya fue otra cosa. A los niños siempre les hacen la pregunta capciosa de si les gusta más Rusia o España. Ellos responden que España. Claro, pero es que no son objetivos en su opinión. Si cada vez que van a España tuvieran que ir a clase todo el santo día e hincar los codos cuando no están en clase, mientras que en Rusia se pasasen el rato jugando, a buenas horas iban a decir que les gustaba más España. Sin embargo, insisten en que no quieren irse de Rusia y yo estoy seguro de que el día que tengan que irse, si es que el Cielo les depara ese destino, lo van a pasar bastante mal al principio.

Y a mí me pasa algo parecido. España me gusta más que Rusia, sí, pero uno ya se ha hecho a este país, y el día de que tenga que dejarse, que sólo Dios sabe si será y cuándo será, seguro que acabo por echarlo de menos. Al menos, un poquito.

Fue llegar a España y comenzar a hacer kilómetros como un descosido. Madre mía, qué tute. En pocos días, tras aparecer por el centro (Madrid, para ser exactos), me tocó desplazarme hacia el oeste (Ávila, pero ya en la raya con Extremadura), al norte (Asturias, patria querida), y poco después al este (Valencia y mi pueblo).

En la visita relámpago al norte, a una de las primeras capitales de España, me encontré a un autor de culto, y no pude menos que hacerme una foto con él.



La pena es que lleve muerto casi noventa años. Ojalá hubiera hoy en día más gente como don Juan. Otro gallo nos cantaría. Y eso que debía ser todo un carácter de lo más rebelde, el hombre.

A pocos metros de don Juan, se alzaba la estatua del primer rey de Asturias, que también debía ser todo un carácter, y desde luego rebelde lo fue un rato. Como la víspera la selección española había ganado el mundial, había banderas españolas por todos los sitios, pero por todos. Así fue como ataviaron a don Pelayo.



En realidad, la rojigualda tiene su origen en el siglo XVIII, cosa de un milenio largo después de la muerte de don Pelayo, pero eso a los cangueses debía importarles poco y, en tal día como aquél, ni a ellos ni a nadie. Si alguien les hubiera dicho que Villa debía mejorar algunos aspectos de su juego, ese alguien, como poco, se hubiera ido al Sella de cabeza. Y, con la poca agua que llevaba y los pedruscos del fondo, mejor no pensar lo que podría haber pasado.

Sin embargo, la sorpresa del verano fue la que me llevé al llegar a mi pueblo. Vaya tela. En mi pueblo, históricamente, la única bandera española estaba colgada del ayuntamiento y eso por imperativo legal. La peña, o no colgaba nada, o colgaba banderas republicanas o cuatribarradas catalanas. Pues este verano, nada de eso. El pueblo estaba a tope de banderas rojigualdas de toda clase, con escudo, sin escudo y con toro. Se ve que la gente que nunca se atrevió a sacarlas (por el riesgo de incendio veraniego, supongo, o de pintada espontánea), se ha soltado el pelo este año y algunos que no se lo planteaban se han animado a base de tikitaka.

En fin, para bien que sea. La semana próxima, creo, tendré ocasión de comprobar si ha sido un arreón pasajero o si tiene continuidad.

lunes, 25 de octubre de 2010

De compras

En España, uno va a un supermercado y puede comprar comida, productos de limpieza, algo de menaje y, en algunos casos, cosas para adornar la casa.

Esto de aquí abajo es lo que puedes encontrar en algún que otro supermercado ruso.



Tres mil euros y la armadura es tuya. Y no será por falta de entuertos que desfacer, que aquí los hay a patadas. Eso sí, yo me probé una este verano, y si, como yo, no sois chatos, os recomiendo que paséis del yelmo.

viernes, 22 de octubre de 2010

Flora

La vegetación en España y en Rusia es bastante diferente entre sí, pero, de todas maneras, es posible encontrar similitudes entre la flora de ambos países. Una de las simlitudes es el roble.

El roble es un árbol simbólico. Simboliza la fuerza, y el hecho de que esté en fatal retroceso, tanto en Rusia como en España, frente a especies de crecimiento más rápido, como el abedul o el pino carrasco, hace más valiosos los robledales que continúan existiendo.

Aunque la especie es la misma, voy a proponer una adivinanza. Las fotos que hay a continuación fueron tomadas este verano pasado, cuando todavía hacía sol a raudales, también en Rusia. Y la pregunta es, ¿qué foto fue tomada en Rusia y qué foto en España?





* * *

Solución:

La fotografía B fue tomada en Rusia. La prueba irrefutable es el nota que está abrazado al árbol de espaldas. Se supone que lo hace para que el roble le transmita su fuerza, lo cual es una creencia popular bastante extendida en Rusia, incluso en estado de sobriedad.

En España también tenemos notas, claro, pero se dedican a otras cosas.

miércoles, 20 de octubre de 2010

El centro de ocio y el centro de oración

Viene de aquí y de aquí.

Llegado el día de autos, la familia entera se dirigió al RollHall para el supuesto cumpleaños. Naturalmente, fuimos en coche en previsión de que los regalos fueran voluminosos. A pesar de ser sábado por la tarde, los atascos en Moscú ya son un fenómeno de todos los días (y de todas las noches), así que llegamos un buen rato más tarde de lo que pretendíamos. Menos mal que habíamos salido con tiempo.

En el caso que nos ocupa, la enjundia del atasco era algo extraño incluso para Moscú. A cosa de tres kilómetros de nuestro destino, vimos la cola más larga jamás formada. La pera limonera. Kilómetros de gente estoicamente clavada en la calle a una temperatura de cinco grados mal contados y avanzando a paso de caracol hacia, aparentemente, el monasterio Danilovsky.

La cola llegaba a Danilovsky desde dos direcciones principales... una de las cuales pasaba por delante del RollHall y tapaba la puerta. Dejé a la tropa allí, ellos se abrieron paso entre la cola y yo me fui a aparcar. Pensé que sería misión imposible, pero se ve que la gente de la cola no había venido en coche, porque encontré un sitio incluso bastante cerca. Crucé la cola un par de veces y me metí en el RollHall.

Al poco, comenzaron a llegar las amiguitas invitadas.

- ¡Feliz cumpleaños, Abi! - decían todos.

"No, pero si fue hace dos meses...", pensaba yo, y poco menos que iba a decirlo, pero me contenía cada vez, porque Abi era más rápida.

- ¡Muchas gracias! - decía Abi a cada una de sus amiguitas. Yo creo que Abi realmente pensaba que era su cumpleaños.

Y la amiguita le daba el regalo de turno y, muchas veces, un bonito ramo de flores. También había dos amiguitos. Supongo que uno de los dos es el que le hace tilín de entre los chicos de la clase y al otro había que invitarlo para que el primero no se aburriera demasiado con tanta niña.

Al cabo de un rato, habían llegado todos menos dos, que era dos hermanas que venían con su madre y estaban en un atasco. Llegaron un buen rato después y ya se incorporaron a la juerga a mitad de la misma. Es que es Moscú.

A todo esto, ya había tres ramos de flores, unas cuantas cajas de regalo muy chulas y ningún sitio donde poner todo aquello. Se acercaban las tres, hora de comienzo teórico del asunto, y allí no había ni rastro de quien tuviera que atendernos. El segurata no era una buena fuente de información, sino sólo de mamporros, y las madres de los niños estaban allí expectantes, supongo que por saber si estaban también invitadas a algo. Y es que uno ya no sabe qué hacer, porque, normalmente, si hubiéramos hecho la fiesta en casa sí que se hubieran quedado si hubieran querido (generalmente entonces no quieren), pero allí como que no tenían mucho que hacer, y sin embargo allí estaban.

Decidí poner algo de distancia y, de paso, resolver uno de los problemas, así que me llevé los regalos y fui al coche. Salí del RollHall, atravesé la cola que seguía bloqueando la puerta, la atravesé de nuevo para llegar a la calle donde estaba el coche, dejé los regalos, volvía atravesar la cola y me dirigí de vuelta al RollHall.

En su defensa, hay que decir que la cola era muy ordenada y tranquila. Soplaba un biruji de tres pares de narices, pero la gente estaba la mar de calmada, de pie y algunos cantando preces de un libro de oraciones. Muchas mujeres iban con un pañuelo en la cabeza y, tal y como estaba el relente, seguro que no le sobraba a nadie.

Al final, abordé a una señora que estaba en la cola.

- ¿Para qué es esta cola? - le pregunté.

- Es para reverenciar las reliquias de...

La señora se paró.

- Las reliquias de San...

La señora se volvió a parar.

- ¡Seryozha! - gritó - ¿Las reliquias de qué santo son las que están ahí?

Seryozha, un señor barbudo que ya no cumpliría los cincuenta, levantó la cabeza y dijo:

- San Espiridón.

- Ah, sí. La cola es para reverenciar las reliquias de San Espiridón.

- Ah, muchas gracias.

Y seguí camino hacia el RollHall admirando lo de aquella señora. Siete horas de cola, o más, y ni siquiera sabe muy bien para qué es.