viernes, 28 de julio de 2006

Un breve permiso

Este soldado se va de permiso durante semana y pico (poco pico...), que aprovechará para regresar a su base y para recuperar fuerzas (o para acabarlas de gastar, que eso de los permisos lo carga el diablo), ver a los hacedores de sus días y compartir mucho tiempo con las de momento tres personas cuyos días ha hecho él.

Eso implica un alejamiento temporal de internet, cosa conveniente de vez en cuando, y de la posibilidad de mantener actualizada la bitácora. De todas maneras, el permiso es breve, así que, si Dios quiere, no tardaré en pasar por aquí de nuevo.

Creo que por España, y más por Valencia, hace un pelín de calor. No sé si quitarme ya el jersey, pero lo cierto es que aquí no molesta pero nada...

Nashi

El sistema de partidos políticos en Rusia ha sufrido variaciones radicales en los últimos años. Después de unos cuantos años de bastante cachondeo y de multiplicidad de opciones, al Presidente le entraron ganas de estabilidad y se ha dedicado sistemáticamente en estos últimos años a hacer la vida imposible a los partidos políticos pequeños, a los diputados independientes, a los gobernadores regionales, y a todo tipo de organizaciones llamadas "extremistas".

Pero lo ha hecho bastante sagazmente, es decir, que ha dejado un par de partidos políticos, cinco todo lo más, de los cuales uno de ellos tiene como las tres quintas partes de los diputados y está apoyadísimo por los medios de comunicación. Vamos, que no es un sistema de partido único, pero se va acercando bastante.

El Kremlin, además, preocupado por que los jóvenes se le desmandaban (los había neofascistas, liberales proocidentales, incluso religiosos...) ha tenido la idea de formar su propia organización juvenil, como en su día hicieron todos los regímenes totalitarios que se preciaban. Y efectivamente, desde que el Komsomol (en castellano: Unión Comunista Juvenil), la organización juvenil soviética, se resquebrajó en pedacitos, los jóvenes aquí iban como ovejas sin pastor ¿Pueden unos dirigentes políticos responsables permitir que a la juventud le pueda la molicie y el desorden? ¡No! Y, como pasta no falta, el propio Gobierno ha creado a los "Nashi" (en castellano, "los nuestros"), aunque algún malpensado, probablemente fascista o degenerado, los llama los "nazi". Nombre completo: Movimiento Juvenil Democrático Antifascista "Nashi".

Las función de los "Naz...", perdón, "Nashi", es importante. Su doctrina política puede resumirse en "Rusia es un país fantástico, donde se vive de maravilla, tenemos un presidente sensacional, unos dirigentes abnegados, y quien opine lo contrario es un elemento disgregador y desastroso y, como es evidente que se equivoca, probablemente lo que ocurre es que está a sueldo de los enemigos de la Patria". Aparte de sus actividades de formación política, que les llevarán a formar parte de las élites políticas en un futuro más o menos próximo, y de sus masivos campamentos de verano (con chicas, claro, véase la foto), se dedican a señalar con el dedo a esos elementos disgregadores, no vaya a pasar desapercibida su ruindad, calando su mensaje destructivo en la bondadosa pero influenciable sociedad rusa.

Así pues, todo aquél que ose hablar de Rusia en términos poco elogiosos se verá abordado por estos chicos con ánimo de que rectifique su errónea opinión. No porque se lo ordene el Gobierno, claro que no, qué cosas se me ocurren, sino por iniciativa propia, que éstos son chicos con iniciativa. Y, si algún vendido se atreve a desafiar al Presidente y se decide a cosas tan truculentas como presentarse a las elecciones con ánimo de salir vencedor, la justiciera mano de Nashi estará allí para poner de manifiesto su deslealtad, lobreguez y, probablemente, halitosis.

Es lo que le ha pasado a Garri Kaspárov, ex-campeón mundial de ajedrez y seguramente el mejor jugador de todos los tiempos, que no es santo de mi devoción, pero que ahí lo tenemos, contuso con sus propias armas.

Por fortuna, la larga mano de Nashi todavía no ha alcanzado la presente bitácora, donde de forma torticera e indiscriminada se lanzan opiniones subversivas contra la Madre Rusia. El día que lleguen, no dudo que empezarán a aparecer comentarios clarificadores de la verdadera realidad rusa. Por ejemplo:

En "Ley Seca": "El Gobierno y sus funcionarios obran correctamente alejando del pueblo el vino francés, de calidad dudosa y que los corruptos gobiernos occidentales envían a Rusia, seguramente porque no lo quieren beber ni en casa. En ningún caso se puede hablar de imprevisión. Viva Putin."

En "Chanclas de moda": "La chica de la foto seguramente es extranjera, como la mayoría de quienes usurpan esos terrenos de la Madre Rusia para solazarse, mientras exprimen al legítimo dueño de los mismos, el pueblo ruso. Viva Putin."

En "Aviones": "Mal haya quien se atreva a poner en duda la categoría de los servicios de mantenimiento de las líneas aéras rusas. Muy al contrario, no olvidemos que el avión siniestrado es europeo; lo que deberíamos hacer es devolveros la chatarra que nos mandáis y volver a utilizar nuestros Tupolev."

"Ah, y viva Putin (jo, casi se me olvida)."

miércoles, 26 de julio de 2006

Ley seca


La relación del pueblo ruso con el consumo de alcohol permite dividirlo en dos grupos: unos beben con frecuencia y los otros beben constantemente. Eso de que alguien no beba es completamente anormal y, si alguien cayera en un hipotético grupo de abstemios, sería, en el mejor de los casos, mal considerado y, a una mala, apedreado, por lo menos.

Por eso, proliferan los vendedores de bebidas alcohólicas falsificadas, las destilerías domésticas clandestinas y las bebidas alcohólicas heterodoxas. Y, también por eso, el Estado somete a un control rigurosísimo la producción alcohólica. Por poner un ejemplo extremo, pero real como la vida misma, en Rusia no existe colonia de baño. Simplemente no existe: se considera bebida alcohólica y, sometida a los impuestos con que se les grava, costaría un ojo de la cara. Resultado: no se vende. Yo me la traigo de España.

Para luchar contra la producción falsificada, el Gobierno decidió sustituir las etiquetas que llevan las botellas con otras a prueba de falsificación. Para simplificar una historia complicadísima, a partir del 1 de julio se ha prohibido vender alcohol que no lleve las nuevas etiquetas.

Lo malo es que se les había olvidado previamente dar la orden de imprimirlas y de poner en marcha el sistema.

- Hala, a poner las nuevas etiquetas.
- Sí, dame unas cuantas.
- ¿Yo? ¿Pero no las tenías tú?
- ¿Pero qué dices? ¿Yo? ¿Dónde pone que tenía que tenerlas yo?
- ¡Yo que sé! ¿A que nadie ha dado la orden?
- Ah, pero... ¿tenía que darla yo? ¿Dónde pone que tenía que darla yo?
- No sé... ¿y quién tenía que dar la orden de que dieras la orden de hacer las etiquetas?
- ¿Tú?
- ¿Yo? ¿Dónde pone eso?


El resultado es que las vitrinas están vacías, que nadie tiene vino , que el Estado ha perdido una pasta increíble en impuestos y que los que están haciendo su agosto son... los fabricantes de bebidas ilegales, ésos contra los que se pretendía luchar. Los más optimistas dicen que la situación podría arreglarse hacia octubre y los realistas hablan de Año Nuevo. Los pesimistas no se han pronunciado todavía. Todo esto es un ejemplo de libro de la frase que mejor retrata al aparato gubernamental ruso. La pronunció el antiguo primer ministro Víktor Chernomyrdin: "Queríamos hacerlo lo mejor posible, y salió como siempre." (Хотелось как лучше, а получилось как всегда)

Y la gente se está poniendo nerviosa... que ya llevamos un mes con las vitrinas vacías. Como esto dure mucho, la Revolución de 1917 va a ser una filfa, comparado con lo que se avecina, que con las cosas de beber no se juega.

martes, 25 de julio de 2006

El periodista trolero

Atención a la traducción del alemán del siguiente artículo, aparecido recientemente en el "Moskauer Deutsche Zeitung", el panfleto germánico de Moscú.

"Era un sábado por la tarde cualquiera: estamos sentados en la cocina, y mis compañeros de piso españoles han vuelto a cocinar algo sabroso: espárragos con jamón serrano. Y ahora se plantea la pregunta de a dónde ir. Honradamente, con el buen vino y la estupenda comida tengo sueño y no tendría nada en contra de ver un buen DVD echado en el sofá. Además, ya son las once y media. "Ni hablar", dice J***. Su temperamento exige actividad y la noche en España, de todas formas, comienza tarde. Nos ponemos de acuerdo en ir al Apschu. Un buen pub con música en directo y a la vuelta de la esquina. Cuando pasamos por la estación de metro Novokuznetskaya, nuestro paso se hace más tardo. Toda la plaza está llena de gente que, con una cerveza en la mano, pulula alrededor de un guitarrista que está en el centro. "Venga, vamos a beber aquí una cerveza, ¡el ambiente es tan bonito!", dice J*** y enseguida aparece una cerveza en mi mano. La gente se anima más y más. Hace un calor magnífico, y en el horizonte se ve disiparse la última luz del día. "Tío, si es como en España", mi compañero de piso está encantado. "La gente en la calle, buena música, es estupendo. Esto es verano." J*** me da su cerveza y avanza hacia el guitarrista. Algo más tarde es él quien está en el círculo y toca las cuerdas. Floklore español.Los rusos están encantados y aplauden. C*** y G*** tampoco se pueden aguantar, y la sangre española en sus venas comienza a hervir: G*** le grita a J*** algo en español. J*** cambia el ritmo y las dos chicas se ponen a bailar flamenco. Incluso con castañuelas, que G*** lleva siempre en el bolso. Los rusos rodean a los tres españoles exiliados y les animan a seguir bailando. Se ve que les está gustando. Nadie se acuerda del Apschu, y sigue llegando gente. La plaza frente al metro, sin duda alguna, es el lugar más molón de la ciudad. Me pareció que sólo había pasado un momento, pero cuando miro al cielo, clarea otra vez el día. La esfera de mi reloj señala las cuatro y poco. J*** deja caer la guitarra, a C*** y a G*** les duelen los pies, los rusos se van a sus casas. J*** y yo, de todas formas, aún vamos al Apschu. "¡Qué noche tan estupenda!", digo encantado. Estamos sentados frente al otro, callados, con una sonrisa en la cara, y pensamos en la noche que acaba de terminar. En la noche española en Moscú."

Qué bonito, ¿eh? Y qué tópico. Bueno, pues resulta que:
1.- J*** trabaja conmigo.
2.- No sabe tocar la guitarra.
3.- No le gusta la cerveza.
4.- G*** no lleva castañuelas en el bolso.
5.- C*** le da clases de baile a G***... parece que atormentando al periodista alemán por las noches.
6.- Aquella noche hacía demasiado calor para un alemán.
7.- Probablemente el editor apretaba y tuvo que salir con lo que fuera.
8.- Según J***, "pues él escribe cosas interesantes sobre los alemanes que fueron deportados a Siberia, pero, después de leer esto, ya no sé si creerle."
9.- Deutsch, phantasievoll, journalist... und schwul.
10.- Lo único cierto es que come fatal.

A ver si hay suertecilla y mis hijos no salen periodistas...

domingo, 23 de julio de 2006

Chanclas de moda

Que la mezcla de "pijo" y de "ruso" puede ser especialmente explosiva es algo que a los que estamos en este valle de lágrimas (concretamente en la parte del mismo que incluye y rodea Moscú) nos debería quedar más que claro.

Por una de aquéllas, el finde pasado me colé totalmente de estranjis en un club de campo (mejor dicho, en "el" club de campo, salvo que haya alguno tan oculto al común de los mortales -y lo habrá- que no sepa yo del mismo). En un país tan, seré sincero, cutre como éste, aquello era un puñetazo en el ojo: todo estaba impecable: playa privada sobre el río, todo tipo de pistas deportivas, minigolf, campo de golf (el único de Rusia)... Estaba de narices aquello. Supongo que otros clubes de campo serán mejores y hasta mucho mejores, pero servidor no ha frecuentado esos sitios, así que aquél me pareció de perlas.

La gente parecía normal. Como aquello es caro de narices, supuse que habría "nuevos rusos" a tope, pero éstos han mejorado bastante su apariencia, y además, coincidió con que un banco había alquilado el sitio para hacer la fiesta anual para sus empleados, con lo que había bastante clase media. Eso no dejaba ver el mundo de residentes habituales en todo su esplendor, pero posiblemente fue el factor que me permitió pasar los controles de acceso. Y entonces apareció... ella.

Sí, señor, ella, la de las dos fotos. Obsérvense las botas, poco frecuentes en las playas españolas. Y obsérvense también, en la foto medio de espaldas, a dónde dirigen su mirada las dos señoras que se le cruzan (el niño, en cambio, parece menos atraído por las botas y más prefiero no saber por qué).


Está visto que va llegando el día, escrupulosamente eludido hasta ahora, de escribir sobre ellas.

(Esto no es nada. Luego se quitó el jersey semitransparente y se quedó en bikini, negro y yo diría que de cuero, y las mismas botas. La gente la miraba con una mezcla de temor -por si llevara látigo, supongo- y admiración -por el atrevimiento de ir así-. No tuve corazón para sacar fotos, y es que sigo siendo un cortado)

sábado, 22 de julio de 2006

Spam

Por esta bitácora han comenzado a aparecer "spammers" en forma de mensajes supuestamente laudatorios en inglés, del tipo: "You have a wonderful blog. Good job. Keep the good work", seguidos de un enlace disimulado a páginas de contenido turbio (casinos, usureros, estafadores y otra gente de igual o peor ralea).

Como ya saben quienes pasan por aquí, ésta es una bitácora de autobombo. Aquí el único fanfarrón soy yo, y no necesito que gentes anónimas me hinchen el ego, que ya lo tengo lo suficientemente hinchado; además, percibo una sospechosa carga de hipocresía en esos mensajes, porque los mensajes, sí, aparecen, pero el contador de visitas sigue como está, lo que me hace pensar que ese admirador oculto no se ha tomado la molestia de leer lo que alaba. Y, por su condición de anglófono, me da a mí que, de habérsela tomado, no sería capaz de descifrar el contenido de lo que queda escrito.

Así que, con gran dolor de mi corazón, he resuelto limitar la opción de introducir comentarios únicamente a los usuarios registrados, lo que me joroba mucho, pero no he tenido más remedio de claudicar.

Esta marcial y militar bitácora, de temática geográficamente acotada, no aprueba la ludopatía, la usura, la pornografía, ni otros vicios que los anónimos admiradores de los enlaces buscaban propagar. De manera que los mensajes anónimos han sido directamente eliminados, y la verdad es que eran dieciséis y me ha costado una barbaridad encontrarlos. Si queda alguno, ruego un aviso amable.

Y, ya que hablamos de ludopatía, usura, pornografía y otros vicios, y volviendo a la temática de esta bitácora, dejo para otra entrada la actitud de los rusos hacia los vicios. Yo, que pensaba que al poco tiempo me iba a quedar sin nada que escribir, y está resultando que este país es mucho más inagotable que sus propias reservas de gas.

viernes, 21 de julio de 2006

Beber como un cosaco

Después de la visita a los paisajes industriales devastados, había llegado el momento de la comida. Paramos en un restaurante, y en él el Presidente comarcal había reservado mesa.

La cocina rusa, y que no se enteren ellos de que digo esto, es simple.

- Oiga, ¿y tienen ustedes una cocina local? -pregunta Oskarl.
- Sí, claro, tenemos pescado.
- Ah.

Comer, se come. Primero los entremeses, y durante los entremeses llega el primer brindis, que corresponde al anfitrión. Petrovich, nuevo ruso de pro, ha sido comisario político en Cuba, donde guarda un excelente recuerdo del comandante Fidel, al que imita en cada brindis. Luego, cuando le tocó la dirección de la ingeniería con sus contratos cautivos, los sueldos de ciento cincuenta dólares a sus ingenieros y sus beneficios exorbitantes, descubrió que bueno, podía seguir siendo comunista, pero ¿por qué no iba a comprarse un Lexus? (eso sí, primero vio que no habia ningún coche más caro)

- Compañeros y compañeras, muchachos y muchachas, "señoros" y señoras - y golpea la copa con su tenedor -. Quiero pronunciar un brindis por nuestros amigos que han venido de lejos a participar en nuestros proyectos, por nuestra amistad, y porque nuestras ideas se transformen en realidad... - y así una retahila interminable de deseos.

Todo el mundo levanta su copa, la choca, y bebe. Alf, y no sólo Alf, que sabe lo que pasa, se limita a mojar los labios sin tragar nada. Pero Oskarl, no sé muy bien si por obligación o por devoción, y el Ingeniero, posiblemente (pero sólo posiblemente) por ignorancia, sí que apuran sus copas.

El segundo brindis lo pronuncia el invitado. Oskarl lanza un alegato similar en favor de la amistad y de los proyectos comunes. Copas arriba, y hasta el fondo. Por fortuna, no hay un control estricto de que todo el mundo apura su copa (hay sitios donde sí lo hay), así que puedo seguir con la táctica de humedecer los labios sin tragar.

El tercer brindis debería ser por las mujeres, y a partir de ahí nadie está realmente en condiciones de seguir un ritmo claro. El decimosexto brindis suele haber terminado con la lucidez del más pintado, hasta el punto de que no falta el insensato que pronuncia el decimoséptimo. Sólo cuando se hace realmente tarde, la gente se retira a su siguente etapa.

En cuanto al Ingeniero, balbucea algunas cosas ininteligibles, dirigiéndose a mí; a la quinta vez que repite la frase me parece oír una referencia a no sé qué de una siesta. Evidentemente, tiene problemas de pronunciación, ya perceptibles desde que le tocó a él pronunciar su brindis y no supimos en qué idioma estaba hablando. La verdad es que, a esas alturas, ya importaba poco.

Una hora después nos metieron, ya en la capital, en otro restaurante, y hala, vuelta a empezar. Otros veinte brindis mal contados y otra vez el comunista capitalista de Petrovich contando sus aventuras en la Cuba de Fidel. El decimoséptimo brindis me tocó a mí.

- "Señoros", señores -dijo Petrovich-, muchachos, muchachas, ¡compañeros! Va a pronunciar un brindis este camarada de nombre tan complicado, Alf.

Me levanté con la copa en la mano.

- Señores, amigos, no voy a brindar por Fidel, sino que voy a brindar por la ciudad que hemos visitado, K***, así como por el Presidente comarcal, aquí presente y, como contrapunto a sus brindis, Valery Petrovich, a sus brindis con matices rojicubanos, por el fundador de la ciudad en 1903, teniente S, y por su superior, Su Alteza Imperial Nicolás II.

La verdad es que fue un gustazo hacer brindar a Petrovich por Nicolás II. Apuré mi copa hasta el fondo, ahora sí ¡Viva el zar legítimo!